Esta noche he desterrado un miedo.
Esta noche lo he tocado, lo he sentido.
Mi corazón no aguantó y se echo a correr;
me abandonó, quedé a la deriva...
De pronto por la espalda actúo.
Unas afiladas palabras daban toques finales...
Nadie observaba, estaba sola,
el auricular era un medio, y seguía.
No paraba, era bullicioso e inexplicable
cuanto repudio, cuanta pena, cuanto dolor
cargaba cada una de sus frases.
Yo moría mientras dejaba de escuchar...
Oscureció la vida.
El momento y la ruina yacían sobre el alma...
Me observaba, y era deprimente
Las lágrimas y el sollozo inmerso tomaban parte.
El auricular no funcionaba ya.
Los intentos por escuchar más, banales todos,
se acrecentaban hasta ser incontables.
Las lágrimas brotaban con otro sentido...
Se paró el tiempo. Regresé al cuerpo.
El sentido se recobraba; revivía.
El rápido respirar desaceleraba su ritmo.
La última lágrima sumergió el botón de mi blusa,
pero al menos sabía que todo allí acabaría.
domingo, 31 de agosto de 2014
domingo, 24 de agosto de 2014
La plataforma
Dos estudiantes caminaban presurosas. Corrian después. Cruzaron el portón de la entrada de la Villarreal. Eran las ocho de la mañana, y sabían que para llegar al aula, donde les tocaba clases, les tomarían un par de minutos más. La sorpresa del segundo día de clases era encontrar las puertas cerradas, y dentro del aula al profesor Ramos de La Flor...
No había forma de tocar la puerta. Desde ya sabían que lo que les quedaba era retirarse del lugar y esperar la segunda hora. Bajaron las escaleras, con la cabeza gacha, como si regresaran de una batalla sin victoria. Ambas tenían que leer, ahora, la separata que Seijas, el profesor de semiótica, les había otorgado como bienvenida a su primera semana de asistencia a clases. Volvieron a cruzar el portón hacia las afueras de la universidad. Las calles estaban frías, pero con aire enternecedor. Cruzaron la calle y solicitaron en el puesto 'Maribel' las milenarias copias. "Es un sol con treinta", le pagaron, y recibieron el fajo de papel con idioma extraño en su interior. Todo era para el día siguiente. Salieron y regresaron al universo que ahora les ayudará a albergar todo ese conocimiento nato de la semiótica y sus definiciones extrañas y enredadas.
Ambas toman rutas distintas ahora. Una se va a la biblioteca de Humanidades, que más que biblioteca, parece un salón lleno de sillas y cuatro mesas largas que tratan de albergar almas que buscan tranquilidad, cuando lo que más parece un lugar lleno de impaciencia, crueldad cuando las personas cruzan miradas y se odian y, por consiguiente, las vuelven a bajar.
La otra joven se ha dirigido hacia un lugar deshabitado. No hay nadie fuera de las aulas, un beneficio y una estrategia para los que gustan de la lectura veloz acompañada del trinar de las aves. Esta ubicado en medio del local central. Se hace llamar "la plataforma". En ella se encuentra el busto o estatua, como quieran llamarlo, de la persona en quien se honorifica el nombre de la universidad: Federico Villarreal, y en donde quien quiera descansar el cuerpo, leer un texto tiene el honor de recostarse en esa edificación, y soñar de que todo será mejor desde ese instante... La vista, a pesar de estar descuidada, es perfecta para olvidarse de las cuatro paredes blancas que te encerrarán durante las siguientes horas que tengas que permanecer dentro de clases.
No hay punto de comparación. La segunda elección es la mejor, y lo será para todos aquellos que descubran esa magia que no se ve a primera vista o visita, si no con el pasar del tiempo.
No había forma de tocar la puerta. Desde ya sabían que lo que les quedaba era retirarse del lugar y esperar la segunda hora. Bajaron las escaleras, con la cabeza gacha, como si regresaran de una batalla sin victoria. Ambas tenían que leer, ahora, la separata que Seijas, el profesor de semiótica, les había otorgado como bienvenida a su primera semana de asistencia a clases. Volvieron a cruzar el portón hacia las afueras de la universidad. Las calles estaban frías, pero con aire enternecedor. Cruzaron la calle y solicitaron en el puesto 'Maribel' las milenarias copias. "Es un sol con treinta", le pagaron, y recibieron el fajo de papel con idioma extraño en su interior. Todo era para el día siguiente. Salieron y regresaron al universo que ahora les ayudará a albergar todo ese conocimiento nato de la semiótica y sus definiciones extrañas y enredadas.
Ambas toman rutas distintas ahora. Una se va a la biblioteca de Humanidades, que más que biblioteca, parece un salón lleno de sillas y cuatro mesas largas que tratan de albergar almas que buscan tranquilidad, cuando lo que más parece un lugar lleno de impaciencia, crueldad cuando las personas cruzan miradas y se odian y, por consiguiente, las vuelven a bajar.
La otra joven se ha dirigido hacia un lugar deshabitado. No hay nadie fuera de las aulas, un beneficio y una estrategia para los que gustan de la lectura veloz acompañada del trinar de las aves. Esta ubicado en medio del local central. Se hace llamar "la plataforma". En ella se encuentra el busto o estatua, como quieran llamarlo, de la persona en quien se honorifica el nombre de la universidad: Federico Villarreal, y en donde quien quiera descansar el cuerpo, leer un texto tiene el honor de recostarse en esa edificación, y soñar de que todo será mejor desde ese instante... La vista, a pesar de estar descuidada, es perfecta para olvidarse de las cuatro paredes blancas que te encerrarán durante las siguientes horas que tengas que permanecer dentro de clases.
No hay punto de comparación. La segunda elección es la mejor, y lo será para todos aquellos que descubran esa magia que no se ve a primera vista o visita, si no con el pasar del tiempo.
Comienzo
La primera entrada, genial. Vamos desde el principio. Nos ubicamos en la delgada línea del tiempo. He ingresado a este recinto al que llamaré universidad desde ahora. Segundo hogar, también.
Todo empieza a tener una composición estrecha y delirante para nuevas experiencias, nuevas vivencias, nuevos placeres; un nuevo espacio para intercambiar ideas y realizarme como persona, como ciudadana, como lo que quiero llegar a ser: una profesional.
Además de esto, cabe mencionar el nombre de quien describiré, en primera instancia, cada uno de estos párrafos: la Universidad Nacional Federico Villarreal.
Bienvenidos, y disfruten el recorrido.
Todo empieza a tener una composición estrecha y delirante para nuevas experiencias, nuevas vivencias, nuevos placeres; un nuevo espacio para intercambiar ideas y realizarme como persona, como ciudadana, como lo que quiero llegar a ser: una profesional.
Además de esto, cabe mencionar el nombre de quien describiré, en primera instancia, cada uno de estos párrafos: la Universidad Nacional Federico Villarreal.
Bienvenidos, y disfruten el recorrido.
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