domingo, 31 de agosto de 2014

Las lágrimas también se acaban

Esta noche he desterrado un miedo.
Esta noche lo he tocado, lo he sentido.
Mi corazón no aguantó y se echo a correr;
me abandonó, quedé a la deriva...
De pronto por la espalda actúo.
Unas afiladas palabras daban toques finales...
Nadie observaba, estaba sola,
el auricular era un medio, y seguía.
No paraba, era bullicioso e inexplicable
cuanto repudio, cuanta pena, cuanto dolor
cargaba cada una de sus frases.
Yo moría mientras dejaba de escuchar...
Oscureció la vida.
El momento y la ruina yacían sobre el alma...
Me observaba, y era deprimente
Las lágrimas y el sollozo inmerso tomaban parte.
El auricular no funcionaba ya.
Los intentos por escuchar más, banales todos,
se acrecentaban hasta ser incontables.
Las lágrimas brotaban con otro sentido...
Se paró el tiempo. Regresé al cuerpo.
El sentido se recobraba; revivía.
El rápido respirar desaceleraba su ritmo.
La última lágrima sumergió el botón de mi blusa,
pero al menos sabía que todo allí acabaría.

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