Dos estudiantes caminaban presurosas. Corrian después. Cruzaron el portón de la entrada de la Villarreal. Eran las ocho de la mañana, y sabían que para llegar al aula, donde les tocaba clases, les tomarían un par de minutos más. La sorpresa del segundo día de clases era encontrar las puertas cerradas, y dentro del aula al profesor Ramos de La Flor...
No había forma de tocar la puerta. Desde ya sabían que lo que les quedaba era retirarse del lugar y esperar la segunda hora. Bajaron las escaleras, con la cabeza gacha, como si regresaran de una batalla sin victoria. Ambas tenían que leer, ahora, la separata que Seijas, el profesor de semiótica, les había otorgado como bienvenida a su primera semana de asistencia a clases. Volvieron a cruzar el portón hacia las afueras de la universidad. Las calles estaban frías, pero con aire enternecedor. Cruzaron la calle y solicitaron en el puesto 'Maribel' las milenarias copias. "Es un sol con treinta", le pagaron, y recibieron el fajo de papel con idioma extraño en su interior. Todo era para el día siguiente. Salieron y regresaron al universo que ahora les ayudará a albergar todo ese conocimiento nato de la semiótica y sus definiciones extrañas y enredadas.
Ambas toman rutas distintas ahora. Una se va a la biblioteca de Humanidades, que más que biblioteca, parece un salón lleno de sillas y cuatro mesas largas que tratan de albergar almas que buscan tranquilidad, cuando lo que más parece un lugar lleno de impaciencia, crueldad cuando las personas cruzan miradas y se odian y, por consiguiente, las vuelven a bajar.
La otra joven se ha dirigido hacia un lugar deshabitado. No hay nadie fuera de las aulas, un beneficio y una estrategia para los que gustan de la lectura veloz acompañada del trinar de las aves. Esta ubicado en medio del local central. Se hace llamar "la plataforma". En ella se encuentra el busto o estatua, como quieran llamarlo, de la persona en quien se honorifica el nombre de la universidad: Federico Villarreal, y en donde quien quiera descansar el cuerpo, leer un texto tiene el honor de recostarse en esa edificación, y soñar de que todo será mejor desde ese instante... La vista, a pesar de estar descuidada, es perfecta para olvidarse de las cuatro paredes blancas que te encerrarán durante las siguientes horas que tengas que permanecer dentro de clases.
No hay punto de comparación. La segunda elección es la mejor, y lo será para todos aquellos que descubran esa magia que no se ve a primera vista o visita, si no con el pasar del tiempo.
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