He leído siempre lo que ha sido de mi agrado. Cuentos, novelas, poesía, entre otros géneros, han sido siempre los que me llamaban la atención por el comienzo. Si el final era un asco, pues, aprendía como nunca acabar algo bueno. Aprender para ser, ser para no ser, en fin, estas son las crónicas que me han parecido importantes e imprescindibles para mi lectura voraz, y que bueno compartirlas ahora. Si no lo hice antes es porque uno no hace las cosas porque alguien le obliga ni nada. Lo hace porque quiere, y porque le gusta. Así soy yo. Disfruten.
El cineasta invisible
Por Julio Villanueva Chang
una bióloga especialista en mariposas y murciélagos. Veintisiete años después, aquella mujer caída en una máquina de volar estaba sentada en una sala del archivo de El Comercio mientras la filmaban revisando periódicos amarillentos sobre la tragedia. Debía hacerle una entrevista, pero no podía interrumpir la filmación. El mayor ruido era el de las páginas de los diarios que volteaba Koepcke. Para matar el tiempo, pregunté quién era el director del documental al único de los alemanes que parecía no estar haciendo nada.
Sexografías
Gabriela Wiener
No hay mejor manera de conocer a una sociedad que observando sus prácticas y sus costumbres sexuales. Para medir la temperatura de una ciudad no basta con saber el número de sus habitantes o qué partido la gobierna, hay que preguntar también si en ella la gente se besa en las calles, cómo se contrata a una prostituta, cuántos sex shops aparecen en la guía telefónica. Un país que exhibe de noche a sus mujeres en vitrinas como cajas de muñecas no puede parecerse a otro donde las chicas atienden en el mercado, rodeadas de frutas y verduras, en plena luz del día. Sexografías el interesantísimo libro de la periodista peruana Gabriela Wiener, retrata a la sociedad desde este ángulo tan elocuente. Sus textos, escritos con una frescura e inteligencia que se agradecen, responden a una investigación empírica y profunda.
UN METEORITO EN
EL FIN DEL MUNDO
Marco Avilés
[CARANCAS. DISTRITO DE DESAGUADERO PROVINCIA DE PUNO. PERÚ]
Si todo meteorito es un proyectil que amenaza la
Tierra, ¿por qué los habitantes de esa aldea creen
que es un regalo del cielo?
¿Así comenzaría el fin del mundo?, se preguntó el
pastor José Sarmiento al advertir que el cielo se
incendiaba aquella mañana de setiembre. Una roca
envuelta en un fuego rojizo caía en picada desde el
espacio cegando la vista de todo ser viviente.
Aquel proyectil extraterrestre bien podía haberse
dirigido a Lima, a Río de Janeiro o acaso al centro
financiero de Nueva York, como ocurre en las
películas, pero su destino apuntaba a la remota aldea
de Carancas, Perú, en la inhóspita frontera con
Bolivia. José Sarmiento, un modesto pastor de
ovejas, tenía el dudoso privilegio de presenciar tan
increíble acontecimiento, y entonces creyó que en
ese momento se acabaría todo.
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